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Soy un mal padre/madre: la trampa del autojuicio en la crianza

Tal vez conoces esa voz interna que susurra en los momentos más difíciles: “Fallaste… No eres el padre o la madre que tus hijos merecen.”
Surge cuando pierdes la paciencia, cuando te invade el cansancio y respondes con un tono más alto del que quisieras, o cuando ves a otros padres en redes sociales parecer tan perfectos, tan “suficientes”.
Quiero que respires conmigo por un momento. Y quiero decirte algo con toda la ternura de quien también ha estado en ese lugar: sentirte así no significa que seas un mal padre o madre. Significa que te importa profundamente.
Como psicóloga y madre, he acompañado a muchas personas en este camino de dudas y autoexigencia. Y sé que es posible salir de esa trampa para vivir la crianza con más amor, hacia tus hijos y hacia ti mismo/a.
El ideal imposible de la perfección parental
Vivimos en una época en la que abundan libros, blogs y consejos sobre cómo ser “el mejor padre” o “la madre perfecta”. Sin darnos cuenta, esos estándares se convierten en una jaula que nos hace sentir que siempre nos falta algo.
En terapia, suelo escuchar frases como: “Yo debería ser más paciente”, “Debería dedicarles más tiempo”, “Nunca hago las cosas bien.” Estas palabras no solo cargan de culpa, sino que bloquean la capacidad de ver todo lo que sí estás haciendo bien.
El constante reproche hacia uno mismo genera una carga emocional que se siente en el hogar. Padres y madres agotados emocionalmente tienen menos energía para conectar con sus hijos de forma auténtica. Y la culpa, lejos de motivar cambios positivos, suele llevar a dos caminos extremos: sobrecompensar (diciendo “sí” a todo por miedo a ser “duro”) o retirarse emocionalmente para no “estropearlo más”.
Pero hay esperanza. Comprender que no se trata de ser perfecto puede transformar por completo tu experiencia como padre o madre.
La historia de Claudia
Claudia llegó a consulta con lágrimas contenidas: “Creo que soy una mala madre. Grito demasiado, no juego lo suficiente con ellos, y cuando por fin los acuesto, me quedo revisando Instagram viendo a otras mamás que parecen tan pacientes y amorosas. Me siento un desastre.”
En las sesiones, exploramos de dónde venían esas exigencias. Descubrimos que, de niña, Claudia había aprendido a buscar aprobación constante para sentirse valiosa. Llevaba esa dinámica a su maternidad, intentando ser todo para todos, olvidándose de ella misma.
Poco a poco, Claudia comenzó a practicar la autocompasión y a reconocer sus logros diarios: desde preparar la comida hasta los abrazos antes de dormir. Comprendió que sus hijos no necesitaban una madre perfecta, sino una madre real, que se permitiera ser humana y amar incluso en medio de sus imperfecciones.
Caminos hacia una crianza más compasiva
Aprende a hablarte con amabilidad
¿Qué palabras usarías con un amigo que se siente fracasado? Probablemente le dirías: “Estás haciendo lo mejor que puedes.” Ahora intenta decirte eso a ti mismo/a. La voz interna crítica solo te paraliza; la compasiva te impulsa a crecer.
Reconoce los pequeños logros
¿Lograste escuchar a tu hijo aunque estabas cansado/a? ¿Le diste un abrazo al despedirse? Esos momentos, aunque parezcan pequeños, son los ladrillos con los que se construye un vínculo sólido.
Entiende que los errores son oportunidades
Cada error puede ser el inicio de una conversación honesta con tus hijos sobre emociones y perdón. Enseñarles a pedir disculpas es también enseñarles a ser humanos.
La terapia y el coaching: un espacio para sanar tu autoestima parental
A veces, la culpa y el autojuicio son tan fuertes que resulta difícil salir solos de ese ciclo. Aquí es donde la terapia o el coaching pueden abrir un espacio de sanación. No para decirte “cómo criar”, sino para ayudarte a conocerte mejor como madre o padre, a liberar las creencias limitantes y a fortalecer tu confianza en tus propias decisiones.
En sesiones online, puedes explorar tus emociones con seguridad y descubrir herramientas prácticas para cultivar una crianza más consciente y amorosa.
Ser un buen padre o madre no significa no equivocarse nunca, sino estar dispuesto/a a aprender, amar y crecer junto a tus hijos. Ellos no recordarán si siempre tuviste la respuesta correcta, pero sí recordarán cómo se sintieron amados y aceptados en tus brazos.
Si hoy sientes que la culpa te está pesando demasiado, quiero caminar contigo hacia una crianza más ligera y llena de amor. Agenda tu sesión aquí y comienza a transformar la relación más importante de tu vida: la que tienes contigo mismo/a como padre o madre.
Autor de este artículo
