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«Mi hijo no me habla»: entendiendo el distanciamiento emocional en niños y adolescentes

Hay un tipo de silencio que no es paz… es distancia. Ese momento en que tu hijo, que antes te buscaba para contarte hasta el detalle más pequeño de su día, ahora responde con monosílabos, evita mirarte o se encierra en su habitación con la puerta cerrada como un muro entre ustedes.
Tal vez te has preguntado en la soledad de la cocina: “¿Qué hice mal? ¿En qué momento mi hijo dejó de hablarme? ¿Cómo puedo acercarme sin que se sienta invadido?”
Como psicóloga y madre, quiero que sepas algo: este silencio duele porque amas profundamente. Y aunque hoy la distancia parezca insalvable, hay caminos para volver a conectar.
El cambio es parte del crecimiento
A medida que los niños crecen, sobre todo en la adolescencia, es natural que busquen más independencia. Sus mundos internos se vuelven más complejos y, muchas veces, necesitan espacio para procesar emociones que ellos mismos no comprenden del todo.
Sin embargo, cuando este distanciamiento se siente frío, prolongado o cargado de hostilidad, puede ser señal de que algo más profundo está sucediendo.
En terapia he visto cómo detrás de cada hijo que no habla hay emociones atrapadas: miedo a no ser comprendido, resentimiento por palabras o acciones pasadas, o la sensación de que expresar lo que sienten los hará vulnerables.
Recuerdo a Laura, una madre que llegó a consulta diciendo: “Siento que mi hijo me odia. Le pregunto cómo está y me ignora o me responde con un ‘bien’ seco. Es como si no quisiera que existiera.” Pero al trabajar con su hijo, descubrimos que él no sentía odio, sino una mezcla de tristeza y confusión. Había aprendido a callar porque cada vez que intentaba hablar de sus emociones, sentía que no era tomado en serio.
La herida de sentirse rechazado
Para los padres, el silencio puede despertar sentimientos de fracaso y soledad. Para los hijos, muchas veces es una forma de protegerse de conflictos o de evitar exponerse emocionalmente.
Es un ciclo: el padre se siente herido y, sin darse cuenta, se aleja también, lo que refuerza la percepción del hijo de que no puede acudir a su madre o padre en busca de apoyo.
Cómo abrir espacios para el reencuentro emocional
Escucha sin expectativas
A veces, el mayor regalo que puedes dar a tu hijo es estar presente sin la urgencia de resolver o aconsejar. Sentarte con él, aunque no diga nada, transmite el mensaje de: “Estoy aquí para ti, sin condiciones.”
Habla desde tu vulnerabilidad
Decirle a tu hijo: “Me gustaría mucho saber cómo te sientes, pero entiendo si ahora no quieres hablar” abre una puerta sin presión, mostrando empatía en lugar de exigencia.
Revisa los momentos del pasado
Pregúntate si hay heridas no resueltas que puedan estar afectando la comunicación. A veces, un “lo siento” sincero por un momento difícil puede ser más poderoso que mil consejos.
Cuando un muro se convierte en puente
Ana y su hija Sofía llevaban meses sin una conversación real. Sofía, de 16 años, se refugiaba en su música y su teléfono, evitando cualquier interacción. Ana sentía que la estaba perdiendo.
En las sesiones, trabajamos en la escucha activa y en validar las emociones de Sofía sin interrumpirla. En un momento, Ana le dijo con lágrimas en los ojos: “Te extraño. No quiero que sientas que no me importas. Sé que a veces no he sabido escucharte, pero quiero aprender.”
Esa frase fue el primer ladrillo que cayó. Poco a poco, Sofía empezó a compartir pequeños detalles de su día, y con el tiempo, la conversación volvió a fluir.
La terapia familiar online: un espacio para volver a mirarse
Cuando la comunicación se ha fracturado y los intentos de acercamiento solo generan más tensión, la terapia familiar online puede ofrecer un espacio seguro. Aquí, padres e hijos aprenden a escuchar y a expresarse sin miedo a juicios ni explosiones emocionales.
La modalidad online permite que ambos se conecten desde la comodidad de su hogar, facilitando un ambiente menos intimidante y más propicio para abrir el corazón.
Que tu hijo no te hable hoy no significa que la relación esté rota para siempre. Es una invitación a explorar nuevas formas de conectar, a reconstruir la confianza y a recordar que, aunque las palabras falten, el amor sigue allí.
Si sientes que tu familia necesita un acompañamiento en este camino, estoy aquí para caminar contigo. Agenda una sesión aquí y comienza a recuperar la conexión con tu hijo.
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